Laberintos, caminos de conexión

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Los laberintos son una de las herramientas de transformación y contemplación mas antiguas conocidas por la humanidad[1]. Se han venido construyendo y recorriendo desde hace siglos, con diversos propósitos como orar, celebrar rituales de iniciación, nacimiento, muerte y crecimiento espiritual. Se han encontrado vestigios en lugares tan

diversos como Grecia, Finlandia, Italia, España, Francia, Suecia, India y en culturas ancestrales como Nazca y Hopi entre otras.

 

En inglés, existen dos términos para referirse a dos tipos de laberintos muy distintos: maze, define los laberintos que están diseñados para “perderse” en ellos y labyrinth, se refiere a los que se recorren para “encontrarse”.

En este texto hablamos de estos últimos laberintos, que se definen  como “uni-cursales”,  porque sólo tienen un camino, que se recorre de ida hacia el centro y luego de regreso hacia la salida. Ese tránsito es una metáfora del caminar de la vida hacia el centro de nuestro ser.

Su trazado se compone de una entrada, una senda o camino, líneas demarcadoras y el centro. Se construyen geométricamente, en base a una determinada cantidad de vueltas para llegar al centro, que se denominan circuitos.

Se han encontrado laberintos de 3 circuitos como el de Nazca, de 7 circuitos como el de Mogor en Galicia, de 11 circuitos como el de Chartres,  e incluso de 15 circuitos, como el de Tibble en Suecia. Los diseños mas recurrentes son el de 7 y el de 11 circuitos.

En estas últimas décadas, se ha registrado un creciente interés por construir y caminar laberintos, tal vez porque esta práctica nos permite establecer conexiones sencillas y rápidas con nuestra espiritualidad, ya que son un modo de integrar mente y cuerpo y de conectar con nuestra intuición.

Melissa Gayle West[2] reflexiona sobre la cercanía fonética de las palabras womb (útero) y tomb (tumba),  dos términos utilizados en algunas culturas para denominar el centro del laberinto y los vincula con el trazado en espiral que es el símbolo universal de crecimiento y transformación de la vida, donde la muerte es un regreso al útero de la tierra. Muerte y renacimiento significan también el continuo proceso de purificación y transformación del espíritu a lo largo de la vida.

Sig Lonegren[3] los define como una herramientas de práctica espiritual y señala que hay una clave en la magia del laberinto, que tiene que ver con su configuración a partir de medidas de geometría sagrada, donde experimentamos una suspensión del tiempo y la dirección habituales,  ya que están diseñados y localizados para permitir entrar en contacto con reinos espirituales.

Lavandas en Kastellaun

Sus componentes

Hay varios aspectos que determinan el potencial sanador y las características específicas de los laberintos:

  1. La orientación, que define su propósito; por ejemplo los laberintos prehistóricos de Escandinavia orientados hacia la puesta de sol en el solsticio de verano, conectan con la plenitud del ciclo solar.
  2. La ubicación del centro, que es un punto de poder energético, habitualmente un cruce múltiple de venas de agua subterráneas.
  3. El material del que está construido, (piedras, vegetación) y también la base sobre la que se asienta ( madera, tierra) , lo que determina la vibración del laberinto.
  4. Y por último su forma y la cantidad de circuitos que indicarían aplicaciones diferentes. Según Dominique Susani, geobiólogo francés formado en la tradición de los Maestros Constructores de Catedrales, el laberinto de 3 circuitos está orientado al corazón, el de 7 circuitos al cuerpo físico y el de 11 circuitos a la sanación espiritual.

Susani sostiene que los laberintos tienen una función chamánica y sirven para centrarnos;  por una parte está el encanto de la forma laberíntica y por otra la dimensión espiritual de sentir una conexión directa entre el cielo y la tierra.  El maestro señala que los laberintos son estructuras armónicas, que funcionan en alta vibración, para lo cual es clave la ubicación del centro, que debe corresponder a un vortex, un punto de poder energético, que otorga la experiencia de profunda conexión, que experimenta cada persona que camina el laberinto, al llegar al centro.

Los laberintos y la Diosa

Jean Shinoda Bolen [4] plantea que los laberintos se originan en las sociedades igualitarias,  llamadas gilánicas, comunidades que se organizaban en base a la cooperación, por sobre el dominio o la represión y que veneraban el principio sagrado femenino, la Madre Tierra y la fertilidad.

Estas culturas construyeron templos dedicados a las deidades femeninas sobre grutas y en colinas rodeadas de bosques sagrados. Posteriormente con la llegada del cristianismo, fueron consagrados a la Virgen María, como la Catedral de Chartres, que contiene un laberinto de 11 circuitos, construido en piedra al centro de la nave principal de la catedral.

Laberinto Catedral de Chartres, Francia

El laberinto de Tremonhue

Es  el corazón de este centro de espiritualidad y salud integral y fue pintado a mano por la Hna. Margarita Milne, Etna Atero y David Molineaux, en el año 2003.

Delineado sobre el piso de madera, fue parte central de la inauguración de Tremonhue, en abril de ese año. Desde allí se comenzó a promover el conocimiento y la práctica de este “caminar”, que ha beneficiado a numerosas personas con vivencias profundas de conexión.

Laberinto

El Laberinto de Tremonhue  se abre en 4 fechas al año, basadas en el cambio de las estaciones según la cosmovisión mapuche: Rimü, tiempo de descanso, Pukem, tiempo de las grandes lluvias, Pewü, tiempo de los primeros brotes y Walüng, tiempo de abundancia.

En esas 4 fechas se desarrollan talleres  de desarrollo personal y autoconocimiento durante el fin de semana y el Laberinto se abre a la Comunidad los sábados por la tarde. Las fechas de los talleres y horario de apertura se indican en el sitio web de Tremonhue.

Un espacio sagrado

Caminar el laberinto es una invitación a dejarnos ir, a detener el rumor de la mente vertiginosa, que necesariamente entre vuelta y vuelta nos obliga a estar presentes y atent@s a cada paso, en una vivencia concreta del presente perpetuo.

Entramos en él con una pregunta, un impulso, o simplemente nos entregamos a la experiencia de transitar esa senda para llegar al centro y conectar con ese vórtice de energía, para recibir un regalo siempre sanador y luego emprender el regreso, repasando los pasos y fijando en el cuerpo lo vivido, para salir transformad@s como después de un largo viaje, con nuevos ojos para mirar, en un silencio profundo y reverente, que nos pide estar en pausa un rato todavía, antes de volver al flujo habitual del acontecer.

Isabel Soto Luque, febrero de 2018

Imágenes:

  1. Andhra Pradesh, India
  2. Rocky Valley, Inglaterra
  3. Nasca , Perú
  4. Laberintos Hopi
  5. Laberinto de lavandas en Alemania
  6. Laberinto en la Catedral de Chartres
  7. Laberinto de Tremonhue, copia a escala del laberinto de Chartres

 

[1] Melissa Gayle West, “Exploring the labyrinth”, Brodway Books, New York 2000

[2] op cit

[3] “Labyrinths, ancient myths & modern uses”, Paperback, 2001

[4] Jean Shinoda Bolen, Viaje a Avalon, edit. Obelisco, 1998

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